It's Oh So Quiet...

Aqui publico anecdotas, publicidad, cuentos y poemas propios ;D.

EL MUNDO ESTÁ LOCO, LOCO

Esta historia puede estar un poquito fumada para ustedes, pero para mí fue algo diferente y entretenido.
La historia comienza el 7 de Abril, una hermosa niña estaba sentada en el patio de su enorme casa  junto con su mejor amiga, el nombre de estas eran Lorena y Elizabeth, respectivamente. El padre de Lorena era un el orgulloso dueño de las cadena de Mercedes Benz a lo largo del país así que pueden estar seguros de que estaban bien forrados de dinero, por lo tanto Lorena podría pensarse que era una malcriada y enfadosa muchachita.
Pero no, a diferencia de sus dos hermanas, era una muchachita educada y sencilla, pero era una niña demasiado -y quizá era su único defecto- sincera.
Bueno, basta de descripciones, que ya me canse de describirles todo.
¿En qué me quedé? Ah, es verdad, Lorena y Elizabeth leían el nuevo libro del maguito ese, el mártir de mártires. Bueno, el hecho es que Lorena comenzó a aburrirse de solo escuchar lo que leía su queridísima amiga, así que se levantó y se estiró como si quisiera alcanzar las hojas del árbol de cinco metros.

-¿Qué? Apoco ya te aburriste, Lore...- Elizabeth le dedicó una sonrisa a su amiga que la miraba encandilada por haber visto directamente al sol.
- Si, la verdad si, vamos a mi casa- le tendió la mano a su amiga y esta sin más remedio aceptó la oferta, cerró el libro con una hoja seca en la página donde se había quedado.
- y... ¿qué vamos a hacer en tu casa, Lore?- dijo mientras, la susodicha la jalaba apresurada.
- Pues, a ver qué hacemos, ya me aburrí de solo escucharte, Liz- dijo en un resopló al llegar a la puerta de la gigantesca residencia que se ubicaba en "Las Cañadas".

Para ser más exactos, era una de las mansiones as grandes de todo el residencial, blanca con cristales azulados y marcos plateados, con 5 habitaciones y 3 baños completos, una sala de estar, un recibidor, un comedor, una cocina con barra, y un comedor en la cocina, sala de lavar,  etc. En conclusión, era una cosa enorme y costosa.

Bueno, regresando a la historia, las dos se sentaron en la gigante sala color mármol y se pusieron a leer de nuevo, esta vez cada una con su propio libro y al mismo ritmo, así que podías ver los mismos gestos en ambas al mismo tiempo como si estuvieran controladas por computadora. Poco a poco, ambas fueron cansándose de leer, y estando sentada en la una de las salas más cómodas, comenzaron a cabecear.

Ambas se levantaron de golpe dejando el libro a un lado de sus sillones individuales, se miraron un poco apenadas.
-Ya me cansé de leer, ¿hacemos otra cosa?- dijo Lorena con un bostezo y mientras se estiraba de nuevo, recibiendo una respuesta afirmativa de parte de su amiga que se acomodaba la diadema.

Ambas subieron a la habitación de juegos, o al menos eso tenían planeado. Lorena abrió la puerta de golpe, esperando un enfrentamiento con sus hermanas que solían pasársela ahí, para su sorpresa encontró solo un plato de galletas con un letrero que decían "NO TOCAR" pensando que eran simplemente de esas absurdas advertencia de su hermana mayor, ambas tomaron una galleta para cada una. Al primer gran mordisco, ambas comenzaron a hacerse pequeñas hasta quedar del tamaño de un ratón, todo en la habitación se veía mil veces más grandes de lo normal, en las patas de la mesa divisaron al perro chihuahua de Lorena, "Mina" que era el nombre que le había puesto su hermana más pequeña -si se preguntaban, si, Lorena es el sándwich de la familia- así que se acercó extrañada al ver a la perrita colocarse un arreglo muy elegante entre las orejas.

-Mina, ¿Qué haces?- la perrita temblaba con los ojos llenos de lagrimas.
-Oh, llegare tarde a ver a la Alcaldesa- dijo con una voz chillona y quebrada mientras salía corriendo y salía por la única puerta que había, Lorena y Elizabeth se echaron a correr para poder alcanzarla abierta.
De nuevo se encontraron del mismo tamaño, pero esta vez, se encontraban en el patio del que habían salido casi una hora antes.

-¿pero qué...?- exclamó Elizabeth aterrada- nosotras estábamos en una sala, y estábamos pequeñas y...y... creo que por fin me he vuelto loca, Lore-  miró a Lorena que miraba fascinada al fondo del patio- ¿y ahora que traes?- miró en la misma dirección y encontró una mesa arreglada del a manera más elegante que puedan imaginarse, un mantel de seda y bordados de oro, un juego de té con las mismas características -porcelana blanca y adornos de oro- y los cubiertos ya deben imaginarse de que material estaban hechos.
Sobre el lado derecho de la mesa estaba un plato gigante con bizcochos y galletas, mientras del lado izquierdo había un gran número de manjares.

-¡Nunca había visto tanta comida junta!- gritó Elizabeth mientras se sentaba emocionada.
-Levántate, tonta, esto no es para nosotras- las voces de dos personas las hizo mirar hacia atrás.

-Oh, por supuesto que es para ustedes- dijo una señora que estaba vestida de una manera extraña, más bien demasiado estrafalaria.
-¿Mamá?- exclamó de nuevo Lorena mientras se acercaba sorprendida hacia su madre que también se acercaba brincando y tarareando algo que ella no conocía.

-Oh, no, yo soy la costurera de la Alcaldesa- dijo con un tonito irritante, que parecía más bien una enfadosa canción que a Lorena le sonaba.
La otra mujer se acercó brincando y tarareando aun más fuerte.
- Y yo soy fotógrafa- seguía brincando de tal forma que las ganas de aventarles la tetera de porcelana no les sobraba a ambas muchachas.
-Vamos, siéntense- dijo divertida.
-Oye, Lore... ¿Qué esa no es tu hermana Aurora?- Lorena asintió extrañada por la estrafalaria conducta de su  hermana que en dado caso, en vez de haberla saludado simplemente le habría lanzado un tenedor.

Ambas comenzaron a comer un poco de todo, mientras la Costurera y la fotógrafa hablaban en acertijos y gritaban como chachalacas. Por fin se dignaron a unirse a la plática, pero entre mas coherencia trataban de darle, más respuestas incoherentes y fuera de lugar era lo que recibían.
La costurera y la fotógrafa miraron sus relojes de bolsillo y brincaron al mismo tiempo soltando carcajadas nerviosas.

-¿pasa algo, mamá?- dijo Lorena con su molesto tono tan educado.
-Que no soy tu mama, y se nos hace tarde para la fiesta de té de la alcaldesa- dijeron parándose y corriendo, las muchachas se pusieron a perseguirlas hasta llegar a la puerta de nuevo. Al abrirla entraron a un elegante salón arreglado de la misma manera que el patio donde habían estado segundos atrás.

-Lore, esto ya me está asustando...- dijo Elizabeth mientras miraba que llevaba una ropa completamente diferente e igual de estrafalaria a la de los presentes.

Lorena estaba absorta mirando el salón, al fondo pudo divisar a una niña gritona, rubia y bastante excéntrica caminar y empujar a todo mundo, hasta que pasó por donde estaba ella y le dio por empujarla más fuerte que a todos.

-Óyeme, maldita mocosa ¿Quién te crees que eres para empujarme así, eh?- un montón de gorilas se acercaron a ella (no lo digo como ejemplo, ni es una forma de llamarle a los guardaespaldas, estos realmente eran gorilas).
-Pues para tu información, yo soy la alcaldesa y hago lo que se me hincha la gana ¿me escuchaste?- la niña se fue corriendo mientras tiraba las charolas de los meseros y derramaba el jugo de uva sobre los presentes.
-¿Qué esa no es tu hermana?- dijo Elizabeth algo sorprendida, Lorena estaba lo bastante molesta como para acercarse y abalanzarse sobre ella, pero su rabia se calmó al ver a su "papi" acercarse con Mina en el brazo.

-Ah, papi, por fin te veo, creo que hay una fuga de gas en la casa, todos están muy raros y...- el hombre soltó una carcajada.
- ¿Qué todavía no se dan cuenta?-  dijo mientras seguía riéndose, y mientras Mina, se unía a su burla.
-¿darnos cuenta de qué?- dijo Elizabeth sorprendida.
-La única manera de salir de aquí es por la misma puerta por la que entraron- dijo mirando la puerta mientras Mina la apuntaba con su temblorosa pata.

Ambas se acercaron a la puerta y la abrieron, se encontraron con un precipicio, y aterradas dieron un paso hacia atrás.
-casi nos caemos, Liz- dijo Lorena tomándola de la mano.
- ¿casi?- la mocosa salió por detrás y las empujo. Ninguna de las dos se dio tiempo de gritar, así que solo sentían como sus cuerpos pesados iban cayendo, hasta que tocaron fondo.

Ambas despertaron al mismo tiempo, de golpe e igual de sobresaltadas. Miraron el libro que estaban leyendo y lo aventaron al suelo.

Media hora después, llegué yo y es así como esta historia tan fumada llega a ustedes... aun me pregunto: ¿de cuál canijos se fumaron ese par en mi ausencia?

 

1 comentario »
chivadrian
24 de Mayo de 2008 4:00
ohh pues si esta fumado, pero me recordo mucho a "alcia en el pais de las maravillas"

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